miércoles, 17 de marzo de 2010

Visita de Javi

Primero vamos a exponer los pros que observamos en la metodología que viene siguiendo en sus clases.

Con este tipo de actuaciones, creemos que se genera realmente un aprendizaje significativo, gracias a que los alumnos se sienten motivados ya que se parte de temas de su propio interés donde les resulta más agradable involucrarse.

También queremos destacar la cooperación que se deriva de este tipo de trabajos, participando todos los alumnos atendiendo a sus capacidades.

Por primera vez hemos visto que realmente es posible el crecimiento personal e individual de los alumnos.

Es importante el acercamiento que el docente ha hecho hacia la vida cotidiana del alumnado, desmitificando la idea de arte como algo elitista.

El trabajar con un sentido es muy beneficioso para los chicos y chicas, en torno a un proyecto de interés para el individuo, les servirá para aprender a organizar y a generar un hábito y una motivación por el trabajo.

En general esta metodología provoca un clima agradable en el aula, relajando la tensión entre docente y alumnos y acercando sus posturas a las de compañeros y esto es muy positivo para la salud mental tanto de los alumnos como del profesor.

Sin embargo, para conseguir estas circunstancias, el docente tiene que superar ciertos obstáculos y tener determinadas cualidades que no todos poseen.

Para empezar, el primer problema siempre será la excesiva burocracia (permisos paternos, material, tiempo, colaboraciones de compañeros…) a al hora de programar una actividad fuera de lo común y que implique ciertos riesgos. El querer evitarse problemas cierra muchas puertas a las posibilidades educativas.

A esto se suma la capacidad de trabajo y paciencia que debe tener el docente para conseguirlo, además de ser capaz de innovar y proponer alternativas creativas.

En definitiva requiere una lucha constante por parte del profesor y una dedicación que no todo el mundo está dispuesto a asumir.

Pero hay que admitir que con el entorno adecuado y una cooperación favorable por parte del profesorado y las familias, los resultados pueden ser inmejorables.

martes, 16 de marzo de 2010

Daisy, Daisy...


Este master nos tiene cogidos por donde HAL tenia a Dave Bowman en 2001, si se viene a abajo, nos vamos todos con el. No se si servirá de algo la sentada del Jueves, eso ya nosotros no lo viviremos, quizá la próxima promoción lo sepa.

Educación artística y conextos posmodernos

La primera parte de este texto creo que viene a decir todo lo que hemos estado hablando sobre el concepto posmodernidad y otras posturas acerca de su falaz plurirrelato cultural de manera que prefiero no redundar más en este blog sobre la cuestión y centrarme en la segunda parte del texto, que nos afecta más directamente.

Una cuestión que me ha venido a la mente al empezar esta parte ha sido el concepto de la violencia simbólica, que tratamos en el módulo genérico de el máster, donde es la escuela la que la ejerce, legitimando ciertos conocimientos, generando así esa marginación social de la que el autor habla.

La pedagogía critica no ha influido directamente a la educación artística y es posible que esta se resista en cierto modo a convertirse en crítica. Quizá sea causado por la comodidad tradicional y elitista que ámbito de estudio conserva aún, estudiar el arte por el arte y formar futuros profesionales como finalidad máxima. En mi opinión esta postura requiere un compromiso mínimo por parte del docente, cuyo deber se limitará a modelar a sus alumnos según su criterio estético tanto en técnicas como en consideraciones acerca de la calidad de obras, cual maestro que adiestra a su aprendiz.

Alumnos que han cursado una educación artística relajada, basada en la contemplación y apreciación del arte, se convierten hoy en docentes que transmiten sus conocimientos a alumnos, apreciadores del arte. Y tal vez sea hora de romper el bucle y educar a los futuros educadores que no hayan conocido el arte por el arte, para que no cuenten con esa opción. Estoy totalmente de acuerdo con la observación, no del arte, si no del entorno generador de arte, el cual se verá modificado por su propio producto artístico, tomando parte de la construcción de la realidad.